Diario del Campamento del Sanfer en Pineda de la Sierra (Burgos)

22 JUNIO 2026| ESCOLAR |94

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DÍA 1 - sábado 20

Me llamo Mencilla y soy una pequeña mariposa que vive en el bosque que hay frente al albergue Valle del Sol, en Pineda de la Sierra.

Hoy he pasado el día revoloteando junto a los niños y niñas del Campamento del Sanfer. Los he acompañado en sus primeras aventuras, he escuchado sus risas y he visto cómo comenzaba una semana que promete estar llena de momentos inolvidables.

Pero todavía no puedo contaros nada.

La noche aún no ha terminado y, cuando finalice la velada nocturna, me sentaré en mi rincón mágico del bosque para ordenar todos los recuerdos del día y escribir la primera de las historias que compartiré con vosotros.

Mientras tanto, os dejo el enlace al álbum de fotografías para que podáis asomaros un poquito a esta gran aventura.

Nos vemos esta noche.

Mencilla
La nueva mascota del Campa.

 

DÍA 2 - domingo 21

Dicen los árboles del Valle del Sol que ninguna aventura se pierde si una mariposa la recuerda. Por eso, cuando la luna ilumina el bosque, cierro los ojos un instante y dejo que los recuerdos vuelen hasta vosotros.

Esta mañana revoloteaba por los pasillos del albergue cuando comenzaron a abrirse las puertas de las habitaciones. Poco a poco fueron apareciendo los niños, todavía con el sueño en los ojos, pero con una sonrisa enorme. Había algo diferente en el ambiente.

Todos vestían una camiseta roja de la selección española.

Parecía que el bosque también se había teñido de rojo y que hasta los pajarillos cantaban un poco más fuerte, porque esa tarde jugaba España y la emoción se respiraba en cada rincón del campamento.

Después de un buen desayuno comenzó la aventura de la mañana. Los exploradores se dividieron en dos grupos. Unos emprendieron el camino hacia el viejo Tejo, un árbol sabio que lleva muchísimos años vigilando estas montañas, mientras los demás disfrutaban de juegos y de un divertido rocódromo hinchable, donde demostraron su equilibrio, su fuerza y, sobre todo, sus ganas de superarse.

A media mañana hicieron una parada para comer fruta y recuperar energías. Después llegó el intercambio, los que habían visitado el Tejo se lanzaron a los juegos y al rocódromo, y los que habían estado escalando salieron a descubrir los secretos del bosque.

Cuando llegó la hora de comer, el sol brillaba con tanta fuerza que parecía querer abrazar todo el valle. Hacía muchísimo calor, así que el equipo de cocina preparó una fresca ensaladilla rusa y unas deliciosas albóndigas que desaparecieron de los platos casi por arte de magia.

Después llegó un rato tranquilo. Algunos paseaban, otros charlaban con sus nuevos amigos y otros simplemente disfrutaban de la sombra mientras contaban historias.

Más tarde tocó recoger las habitaciones y os puedo asegurar una cosa, cualquiera que hubiera entrado en ellas habría pensado que allí vivían auténticos guardianes del orden. Todo estaba perfectamente colocado.

Pero el calor seguía acompañándonos y los monitores tenían preparada una sorpresa.

Comenzó un gran juego de agua. Salpicaduras, carreras, cubos que iban de un lado a otro y muchísimas risas consiguieron refrescar una tarde que parecía derretirse bajo el sol.

Una vez secos y cambiados, todos volvieron a ponerse la camiseta roja. Había llegado el momento de animar a la selección española.

Cada gol se celebraba con un salto, un abrazo o un grito de alegría y, cuando el árbitro señaló el final, el marcador mostraba un fantástico 4-0. La felicidad llenó el albergue y hasta los árboles parecían aplaudir moviendo sus ramas.

Después llegó la cena, una reconfortante sopa, pizza y barritas de pescado que devolvieron las fuerzas a nuestros aventureros para afrontar la última misión del día.

Y entonces comenzó el momento más esperado.

Bajo un cielo lleno de estrellas, en la ladera de la estación de esquí, empezó el juego de Ovejas y Corderos. Desde el aire parecía una auténtica historia de fantasía, linternas moviéndose entre la oscuridad, equipos organizando estrategias, carreras cuesta arriba, risas que se escapaban entre los árboles y un montón de niños ayudándose unos a otros para conseguir su objetivo.

No hubo vencedores ni vencidos, porque la verdadera victoria fue compartir una noche llena de compañerismo, diversión y esa magia que solo existe en los campamentos.

Ahora el albergue descansa. La luna vigila las ventanas, el viento mece las copas de los pinos y los niños sueñan con todo lo que han vivido hoy.

Yo también cierro mis alas sobre una flor del bosque, porque sé que mañana me espera una nueva aventura que merecerá ser contada.

Hasta mañana.

Mencilla
La mariposa que recoge risas para convertirlas en recuerdos.

 

DÍA 3 - lunes 22

Cuando la luna ilumina el Valle del Sol, los recuerdos se posan sobre mis alas. Esta noche han traído un susurro de sueños y secretos por descubrir.

Probablemente hoy era el día que más ilusión despertaba entre los niños del Campamento del Sanfer. Llevaban mucho tiempo imaginándolo y, cuando amaneció, sus sonrisas ya anunciaban que iba a ser una jornada muy especial. Después de desayunar prepararon sus mochilas, con la toalla, el bañador, la gorra, la crema solar y muchísimas ganas de pasarlo bien, y emprendieron el camino hacia el pantano.

Allí comenzó una auténtica aventura de agua, con chapuzones, risas, carreras para entrar los primeros, zambullidas que salpicaban hasta el cielo, paseos en pádel surf y piraguas deslizándose sobre el agua. Hasta yo tuve que volar un poquito más alto para no mojar mis pequeñas alas. Entre baño y baño llegó la hora de recuperar fuerzas. Sentados a la sombra compartieron un bocadillo de lomo con queso y, de postre, queso, membrillo y chocolate, porque todavía quedaba mucha tarde por delante.

Volvieron al agua para seguir jugando, remando, nadando y riendo hasta que el sol empezó a esconderse detrás de las montañas. De regreso al albergue tocó una buena ducha para refrescarse y prepararse para la cena. En el comedor les esperaba una deliciosa menestra de verduras, una hamburguesa acompañada de huevo y patatas fritas y una refrescante macedonia de frutas que devolvió toda la energía a nuestros aventureros.

Pero la cena todavía guardaba una sorpresa. De repente aparecieron unas velas encendidas y una enorme sonrisa. Sara cumplía 11 años. Cerró los ojos, pensó un deseo muy especial y apagó las velas mientras todo el comedor cantaba el «Cumpleaños feliz». Sus compañeros la acompañaron con tanta alegría que hasta yo tuve que mover las alas al ritmo de la canción. Fue uno de esos pequeños momentos que hacen que un campamento se convierta en un recuerdo para toda la vida.

Y cuando parecía que el día ya no podía ofrecer nada más, llegó el entrenamiento para el gran vivac. Los niños bajaron al gimnasio con sus esterillas y sus sacos de dormir, buscaron su rincón y compartieron las últimas risas mientras comenzaba la película 'Robot salvaje'. Poco a poco los bostezos fueron ganando la partida, las conversaciones se hicieron cada vez más bajitas y el sueño fue envolviendo a los pequeños campistas, que se quedaron dormidos imaginando bosques, lagos y nuevas aventuras.

Quién sabe... quizá esta noche solo estaban ensayando para una aventura todavía mayor que les espera muy pronto.

Yo también cierro ya mis alas sobre una hoja del bosque, porque sé que mañana el Valle del Sol volverá a llenarse de historias que merecerá la pena recordar.

Hasta mañana.

Mencilla

La mariposa que convierte cada aventura en un recuerdo que nunca deja de volar.

 

DÍA 4 - martes 23

Cuando la Luna ilumina el Valle del Sol, los recuerdos se posan sobre mis alas. Esta noche han llegado saltando, mojados por la lluvia y brillando como si escondieran un pequeño secreto.

Hoy los niños del Campamento del Sanfer han vivido una auténtica jornada de aventura. Desde primera hora de la mañana se convirtieron en exploradores del bosque, poniendo a prueba su equilibrio sobre el slackline, afinando la puntería con el tiro con arco y aprendiendo a caminar con raquetas de nieve por terrenos donde cada paso era un nuevo reto. Yo revoloteaba de un lado a otro observando cómo cada sonrisa era un poquito más grande que la anterior.

Después llegó la hora de recuperar fuerzas. En el comedor les esperaban unas ricas lentejas, pescado al horno y un delicioso flan de huevo que desapareció de las bandejas en un abrir y cerrar de ojos.

Con la barriga llena tocaba preparar las mochilas para una nueva excursión. El plan era bajar por el monte hasta el pueblo y terminar la tarde dándose un refrescante baño en las pozas. Todos estaban emocionados, pero el Valle del Sol decidió escribir la historia de otra manera.

De repente una nube juguetona se colocó sobre nuestras cabezas y comenzó a descargar agua... y también pequeñas bolitas de granizo que parecían canicas de hielo saltando entre los pinos. Los niños corrían a refugiarse bajo los árboles entre carcajadas, mientras yo buscaba una hoja bien grande para proteger mis alas.

Al final no hubo baño en las pozas, pero sí un divertido baño por el camino. Las zapatillas chapoteaban, las gotas caían por todas partes y nadie perdió la sonrisa. Después visitaron la iglesia del pueblo y, cuando la lluvia se marchó igual que había llegado, fueron a buscarlos para subir de nuevo al albergue.

La tarde continuó con juegos, carreras y muchas historias compartidas antes de la cena. En la mesa había sopa, mejillones, ensalada, tortilla de patata y san jacobos. Y de postre, una fantástica macedonia de frutas con yogur que puso el broche perfecto a un día lleno de emociones.

Pero la noche todavía guardaba su magia. Como manda la tradición de San Juan, cada niño escribió en un papel algo que quería dejar atrás y un deseo que soñaba conseguir durante el próximo año. Después, alrededor de una pequeña hoguera, todos dejaron que las llamas se llevaran los miedos y elevaran los deseos hacia el cielo, donde las estrellas parecían escucharlos una a una.

Y entonces comenzó el gran desafío de la noche, el Langostino Dorado.

La misión parecía sencilla, subir la ladera y encontrar un pequeño faro escondido entre la oscuridad. Pero los monitores, ocultos entre los árboles y armados únicamente con sus linternas, vigilaban cada movimiento. Cada vez que un haz de luz descubría a un explorador, este debía regresar, superar una prueba y volver a empezar.

Muy pronto aparecieron las estrategias, los equipos silenciosos, los pasos de puntillas, las miradas cómplices y los planes improvisados bajo las estrellas. Parecía una auténtica expedición secreta.

Y cuando la Luna ya estaba muy alta, diez valientes consiguieron alcanzar el faro y proclamarse vencedores del Langostino Dorado.

Ahora el campamento duerme. La hoguera ya es solo un montón de brasas y el bosque guarda en silencio todos los deseos que esta noche han volado hacia el cielo.

Yo también cierro mis alas, porque sé que mañana el Valle del Sol volverá a sorprendernos con una nueva historia.

Hasta mañana.

Mencilla

La mariposa que guarda los deseos que vuelan con el viento.

 

DÍA 5 - miércoles 24

Cuando la Luna ilumina el Valle del Sol, los recuerdos se posan sobre mis alas. Esta noche traen olor a río, a bosque y a un montón de risas que todavía siguen volando entre los pinos.

Nada más levantarse, los niños del Campamento del Sanfer ya miraban hacia el cielo. Hacía un sol espléndido, pero todos recordaban a aquella nube juguetona que el día anterior había cambiado los planes y, por si acaso, no dejaban de vigilarla. Esta vez decidió quedarse muy lejos y regalarnos una mañana perfecta.

Bajamos caminando hasta el pueblo y, por fin, llegó el momento más esperado, el baño en el río. El agua estaba fresquita, los chapuzones se sucedían sin parar y las risas corrían tan deprisa como la corriente. Después paseamos tranquilamente por las calles del pueblo y disfrutamos de un helado que supo a verano, a excursión y a campamento.

De vuelta al albergue tocó recuperar fuerzas con una ensalada de pasta, unas pechugas de pollo rebozadas y una enorme sandía que desapareció en pocos minutos.

Pero la tarde escondía una de las actividades favoritas de todos, la gran gincana marrana. Al principio todos querían mantenerse limpios, aunque aquello duró muy poco. Galletas, mermelada, mantequilla, Cola Cao, chocolate, sopa y un montón de ingredientes secretos preparados por los monitores terminaron convirtiendo a los niños en auténticos personajes de cuento. Era imposible saber quién estaba debajo de tanta mezcla, pero sí era muy fácil reconocer las carcajadas que llenaban todo el campamento.

Después de merendar todavía quedaron fuerzas para disfrutar de los juegos deportivos antes de la cena. En la mesa nos esperaban un puré de verduras, tortilla con jamón york y queso y un flan que puso el punto final a un día lleno de energía.

Cuando cayó la noche el bosque volvió a convertirse en un lugar mágico. Los monitores se escondieron entre los árboles imitando el sonido de distintos animales y los equipos tuvieron que afinar el oído para encontrarlos. Un búho por aquí, una rana por allá, un lobo a lo lejos... Cada animal escondía una prueba y solo el grupo que descubriera a todos conseguiría completar la aventura.

Ahora el campamento duerme y el bosque vuelve a estar en silencio. Yo también cierro mis alas sobre una flor, porque mañana me esperan nuevas historias que guardaré con mucho cuidado para volver a contároslas.

Hasta mañana.

Mencilla

La mariposa que sabe que las mejores aventuras siempre empiezan con una sonrisa.

 

DÍA 6 - jueves 25

Cuando la Luna comienza a asomarse entre los pinos, los recuerdos del día vienen revoloteando hasta mis alas. Esta noche traen el color rojo de una camiseta muy especial, muchas risas y un montón de aventuras.

Hoy los niños del Campamento del Sanfer estrenaron, con muchísima ilusión, la camiseta roja del campamento. En la espalda lucía un gran logo del Sanfer que hacía que, al caminar todos juntos, parecieran un auténtico equipo de aventureros. Después emprendieron una bonita ruta hasta el pueblo, donde participaron en una divertida gincana para descubrir sus calles y rincones. La aventura terminó junto a la iglesia, donde inmortalizaron el momento con la gran foto de todo el campamento.

De regreso al albergue les esperaban unos deliciosos garbanzos con chorizo, albóndigas con patatas y una refrescante sandía de postre. Después guardaron con mucho cuidado la camiseta para volver a ponérsela mañana en la excursión al Aula de Pesca y disfrutaron de un rato de tiempo libre.

Por la tarde llegó el momento de sacar el lado más artístico. Entre pulseras y marcapáginas, cada niño dejó volar su imaginación y creó pequeños recuerdos que viajarán con ellos de vuelta a casa.

Pero si hubo un momento en el que el campamento entero no dejó de reír fue durante la gran gincana 'Búscate la vida'. Los monitores les propusieron retos imposibles. Encontrar piedras lunares, un traje de sevillana, dos luchadores de sumo, las pintas de bautizo de Simba, un voltio de energía solar, el ratoncito Pérez, el bastón de Gandalf y muchas ocurrencias más. Ver a los equipos correr de un lado para otro, inventar soluciones, ayudarse, improvisar y reír sin parar fue uno de esos momentos que hacen que un campamento sea inolvidable. Por un rato, la imaginación fue capaz de convertir cualquier cosa en un auténtico tesoro.

Después de la merienda todavía hubo tiempo para seguir jugando antes de la cena. En la mesa nos esperaban arroz tres delicias con mejillones y gambón y, de segundo, salchichas con patatas. De postre, un yogur que nos ayudó a recuperar fuerzas para la última aventura del día.

Esta noche estaba previsto resolver el gran misterio del Cluedo, pero las aventuras también cambian de rumbo cuando menos lo esperas. Tendremos que esperar un día más para descubrir al culpable. Mientras tanto, los propios niños eligieron por votación volver a disfrutar de dos de los juegos estrella del campamento, Lobos contra Ovejas y El Langostino Dorado. Cuando la noche cubrió la ladera, decenas de linternas comenzaron a moverse entre los árboles. Desde el aire parecía que un puñado de estrellas hubiera bajado del cielo para jugar con nosotros. Hubo carreras, estrategias, trabajo en equipo y muchísimas risas hasta que llegó la hora de regresar al albergue.

Ahora todo vuelve a estar en silencio. Yo también cierro mis alas, porque mañana el bosque volverá a regalarme una nueva historia para compartir con vosotros.

Hasta mañana.

Mencilla

La mariposa que sabe que las mejores aventuras brillan incluso cuando llega la noche.

 

DÍA 7 - viernes 26

Cuando la Luna se asoma sobre el Valle del Sol, los recuerdos vuelan hasta mis alas. Esta noche huelen a río, a bosque y a aventuras vividas con mucha paciencia.

Hoy tocaba madrugar. Los niños del Campamento del Sanfer desayunaron rápidamente, prepararon sus mochilas y emprendieron una preciosa ruta entre los pinos hasta llegar al Aula de la Pesca y el Río de Pineda. Allí descubrieron los secretos que esconde el río, aprendieron a reconocer los diferentes ecosistemas, los pequeños macroinvertebrados que viven bajo las piedras, los peces que habitan sus aguas e incluso observaron un hormiguero muy cerca de la orilla. También aprendieron las técnicas de pesca que muy pronto pondrían en práctica.

Y entonces llegó el momento más esperado. Con la caña en las manos y los nervios de quien vive una experiencia por primera vez, cada niño buscó su rincón junto al río. Hubo paciencia, emoción y alguna que otra sonrisa de sorpresa cuando las primeras truchas comenzaron a picar. Yo observaba todo desde una rama, un poquito preocupada por mis amigas las truchas. Pero enseguida respiré tranquila al ver cómo, después de cada captura, los niños retiraban el anzuelo con muchísimo cuidado y las devolvían de nuevo al río para que siguieran nadando libres junto a todos sus amigos.

Después de comer y recuperar fuerzas llegó otro momento inolvidable. Los niños volvieron al río, pero esta vez dejaron las cañas a un lado para ponerse el bañador y disfrutar de un refrescante baño. Durante un buen rato compartieron el mismo hogar que las truchas que habían estado pescando por la mañana. Mientras unos saltaban al agua y otros nadaban entre risas, yo revoloteaba feliz al ver cómo mis amigas las truchas seguían nadando tranquilas entre los pequeños aventureros. Fue uno de esos instantes mágicos en los que la naturaleza y los niños parecían formar parte del mismo cuento.

Más tarde emprendieron el camino de regreso al albergue y, mientras caminaban entre los pinos, no dejaban de contar sus aventuras, quién había conseguido más capturas, cómo habían aprendido a sujetar la caña y la alegría que sintieron al devolver cada trucha a su hogar.

Al llegar al albergue tocó descansar, cambiarse de ropa y bajar a cenar. En la mesa les esperaban pasta con setas, merluza con mejillones y salsa y, de postre, un delicioso flan de huevo que les dio fuerzas para la última aventura del día.

Después de la cena llegó una de las veladas más divertidas del campamento. Los monitores prepararon una gran partida de Furor. Parecía un juego sencillo, pero hacía falta mucho ingenio. Iban diciendo palabras y los equipos tenían que recordar canciones que las incluyeran en su letra. Entonces comenzaba la verdadera magia. Unos cantaban canciones de siempre, otros sorprendían con éxitos modernos, aparecían melodías de los años 80, canciones infantiles que todos conocían y muchas otras que hicieron cantar a todo el campamento. Durante un buen rato el bosque dejó de escuchar únicamente el murmullo de los pinos para llenarse de música, risas y voces que cantaban al unísono. Estoy segura de que hasta los búhos, los ciervos y mis amigas las truchas se quedaron escuchando aquel concierto tan especial.

Ahora todo vuelve a estar en calma. El río sigue su camino entre las piedras, las truchas descansan bajo el agua y el bosque duerme tranquilo después de otro día inolvidable. Yo también cierro mis alas, porque sé que mañana volverá a esperarnos una nueva aventura.

Hasta mañana.

Mencilla
La mariposa que convierte las canciones y las risas en recuerdos que nunca dejan de volar.

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